Entrevista a José Losada






Hoy en Almas y Letras entrevistamos al escritor José Losada, autor entre otras, de la novela sobre el bullying:  EL DIARIO DE UN FRACASADO.

AYL: —¿Qué te motivó a escribir y cuándo comenzaste?
JLAntes de nada, he de decir que hace tiempo dejaron de entrevistarme porque me enrollo como las persianas. Mis entrevistas, los documentales de la 2 y el Diazepam, surten el mismo efecto. Más de una bloguera se quedó dormida y aún no ha despertado (desde entonces, por si las moscas, me obligan a prevenir).
Empecé a escribir a los doce años, y todo porque hablaba con las paredes. No me refiero a que estuviera y esté loco y me dedicara a entablar conversaciones con ladrillos apilados, sino a que nadie me hacía caso cuando hablaba. Un día a la semana o así, solía tener suerte y simplemente mi voz era ignorada, y entonces cerraba la boca sin remedio en vez de que me la cerraran, como acostumbraban a hacerme. Estaba solo, no tenía a nadie con quién jugar y mi cabeza ya se anteponía a lo que debería pensar un adolescente de esos años. Mi madre trabajaba hasta altas horas y, en vez de distraerme con otros niños porque no me aceptaban, me tocó ejercer de enfermero demasiado temprano para cuidar a mis abuelos (no es una queja, ya que ellos me recogieron cuando era un criajo y me cuidaron primero) por lo tanto, y como ya he contado en otras pocas entrevistas (prometo no enrollarme) creé un amigo a base de hojas en blanco y le di vida. Lo sigo utilizando cuando mi egoísmo y vagancia no prefieren las teclas del ordenador. Poco a poco le voy añadiendo hojas nuevas que paso a limpio. Siempre me deja hacer con él lo que quiera, aunque tache o escriba alguna palabra fuera de contexto; permite que me desahogue, y aunque a veces me pase con los personajes y acontecimientos de las historias, nunca me reprocha nada, solo se calla y aguanta. Visto así, parece que también me ignora y hablo con una pared, ¿cierto? Lo parece, pero una hoja en blanco es como una pared llena de grafitis, pintadas o frases: está ahí para mostrar arte, quejas y sentimientos. Fachadas que resaltan interiores incomprendidos…
AYL: —¿Qué género literario es tu favorito y si todas tus novelas pertenecen a ese mismo género?
JL: Me considero autor de terror, pero según mis dos lectores y medio (las madres siempre valen por dos) mis historias tienden a desesperar, no a aterrar. Me pasé años dando vida a una bruja encapuchada, pero nadie se acuerda de ella porque el bullying se la tragó; una anciana se comió a adolescentes traviesos, un Cristo bajó de la cruz y, entre otras muchas historias, los órganos de un cuerpo imperfecto terminaron por destruir al perfecto. Fantasmas, cadáveres, locos… Tengo más de diez o quince manuscritos guardados en un cajón, y alrededor de doscientos relatos (hace tiempo dejé de escribir relatos para centrarme únicamente en las novelas). De todo esto, un 2% pertenece al género romántico y a Santiago Bernal, mi seudónimo, el resto de novelas al terror: al terror de la realidad, que es lo que de verdad da miedo, ¿a que sí?
En cuanto a la pregunta de qué género es mi favorito, pues… Quizá no tengo. Llevo años leyendo a autores, no novelas. Mi ritmo de lectura ha bajado, pero he descubierto a grandes genios de la literatura que, por desgracia, aún no aparecen en escaparates ni tienen colas de vuelta y media a la manzana para dedicar sus obras a los fans (tiempo al tiempo).
AYL: —¿Te consideras una lectora compulsiva o solo escribes? 
JL: Ahora mismo escribo más que leo, y eso se merece una paliza. Cualquiera que pretenda ser escritor y diga esto, es para quemarle el libro nada más publicarlo. Un escritor no puede escribir sin leer, igual que un futbolista no puede jugar si no entrena, no hay más. No tiene discusión porque en esto no hay gris, solo blanco o negro. Las obras malas están escritas por lectores malos, porque para ser un buen escritor, primero hay que ser un buen lector, y eso se consigue desayunando, comiendo y cenando libros. Hasta hoy, aún no he dicho que sea escritor, simplemente me considero un creador de historias. Hay algo que digo también en todas las entrevistas, pero repetirlo es de vital importancia: escribir un libro no es ser escritor, al igual que no es más escritor el que publica que quien autopublica. Sigo en la Tierra, pero varios amigos y conocidos, a pesar de pisarla, se ven pululando por Marte, Júpiter o el planeta «Soy Lo Más», donde habita gente que ve superior por llevar dos comentaros a mayores. Para que se entienda: en literatura viene siendo algo parecido a un embarazo psicológico.
Todos tenemos nuestro lugar en el mundo (paciencia), y lamento decir que solo está en la Tierra.
AYL: —¿Crees que es importante leer? 
JL: Importante no, ¡importantísimo! Si alguien quiere ser escritor, no hay más remedio que dejarse los ojos leyendo libros, no tiene otra. Puedo suponer que el niño o niña que sueña con dedicarse a la interpretación ve películas hasta que se le queda la cabeza tan cuadrada como el televisor. Estudiará arte dramático pero ya tendrá en mente algún actor o actriz que le motive. Con los escritores pasa lo mismo. Si el escritor no lee, entonces se demuestra lo que he comentado antes: sacar un libro no significa ser escritor. Hay cantantes y cocineros que tienen libros y no son escritores, y escritores que sacan discos y cocinan y no son cantantes ni cocineros. Esos da igual que lean o no porque tienen otro oficio. El escritor tiene que leer tanto o más que escribir.
AYL: —¿No te interesa publicar con alguna editorial? (En caso de no haberlo hecho, claro).
JL: Mi primera novela salió a través de una editorial, pero la segunda quise probar y autopublicarla. Conozco gente que trata a los autopublicados como si tuvieran lepra o algún tipo de enfermedad contagiosa, o que según ellos, tener un libro autopublicado es una bajeza, un motivo de escándalo en la carrera de un escritor. Vuelvo a repetir que no es más valioso quien publica que quien autopublica. Hay tostones insoportables con un sello de pasta dura, y en cambio, auténticas maravillas de tapa blanda y sin editor de por medio. El que yo publicara con una editorial en su día lo considero suerte, digamos que abrieron mi correo al azar como podían haberlo hecho con otro de los doscientos que tuvieran. Me tocó como a quien le toca la lotería, pero no soy más que nadie. Tengo errores y una falta de ortografía abismal que pasé por alto (merezco otra paliza gorda). Eso significa que soy humano, por eso, tanto escritores como gente a la que nos gusta crear historias, pertenecemos al planeta Tierra, a la especie humana.
PD: He leído novelas autopublicadas que tienen menos errores que las de editorial, con eso lo digo todo.
AYL: —¿Pensaste en la posibilidad de traducir tus novelas al inglés o cualquier otro idioma? 
JL: Me levanto todos los días con la esperanza de que al menos me lean los que hablan mi idioma (solo hablo castellano, y lo llevo estudiando treinta y un años para, cada día, hablarlo un poco mejor), y si hay una crisis verdadera, esa es la literaria: los que escribimos nos salimos del mapa, pero las obras se hunden en los océanos…
Por supuesto que me encantaría que mis obras pudieran leerse en otros idiomas y que llegaran a otros países. Pero por tercera vez: sigo en la Tierra, jajajaja.
AYL: —¿Qué se va a encontrar un lector a la hora de adquirir una novela de las tuyas? 
JL: Prescindiendo de las de amor porque solo tengo cuatro o cinco relatos, y soy tan fiel al terror que no puedo ni poner los cuernos en ninguna de ellas, diré que sufrimiento, sobre todo eso. Me gustaría decir que miedo, que mucho miedo, pero dar miedo y hacer reír es lo más complicado que existe. Y si provocas risas cuando intentas que alguien se asuste, entonces date por jorobado (me advirtieron de que previniera sobre la somnolencia que provoco y que cuidara mi vocabulario, por eso hoy vengo de finolis). Escribo sobre enfermos mentales porque la psiquiatría es mi vida. Mezclo partes reales de gente que sufre con algún tema médico. Es raro no ver a algún doctor (sobre todo psiquiatra) en alguna de mis novelas o relatos; si no lleva bata blanca, viste uniforme rojo, con chaleco reflectante y dentro de un vehículo con rotativos y sirenas… Escribo esto y me emociono.
¿Alguna vez se os ha erizado el vello de los brazos al ver pasar una ambulancia? A mí me ocurre desde que ya no viajo en su interior. Las mantengo vivas dentro de mis historias.
AYL: —¿Cómo definirías tus libros? 
JL: Como historias donde se demuestra que la realidad supera a la ficción.
AYL: —¿Qué buscas como escritor? 
JL: Ayudar, ayudar a quienes sufren. Quiero que el lector caiga lágrimas si es necesario al identificarse con mis personajes, pero que después, que olvide la historia y sonría. Me gusta hacer sentir (creo que es lo que tiene que hacer un creador de historias si quiere llegar al lector. Contar historias es fácil, lo difícil es saber contarlas. Hay que saber llegar). Quiero que sienta, y si primero es dolor, que después sea tirantez en los labios al esbozar una sonrisa tan grande. La vida siempre sigue, con penas o alegrías.
AYL: —¿Dónde podemos encontrar tus novelas? 
JLAl borde de la locura puede adquirirse en la web de Ediciones Atlantis o contactando conmigo (las chicas pueden contactar conmigo siempre que quieran. Casi prefiero informar de mi soltería para ver si cae novia antes de que caiga libro), o en Amazon. Y El diario de un fracasado también pueden encontrarlo en Amazon, todavía solo en digital.
AYL: —¿Qué hay que hacer para ser escritor?
JL: Me ha venido bien explayarme en las preguntas anteriores para no dormir a nadie ahora, jajajaja. Hacer todo lo que he dicho anteriormente; eso y armarse de paciencia.
AYL: —Cuéntanos algo de tu novela. 
JLAl borde de la locura es la historia de un joven que quiere terminar con su vida arrojándose a la vía del tren. Está harto de no encontrar al amor de su vida, de estar solo y de que lo desprecien, por ello un día sale de casa directo a poner punto final a su existencia. Antes de que llegue a hacerlo, un hombre lo frena y, intentando entretenerlo para que cambie de idea y se replantee cometer esa locura, le lee relatos con una Tablet, historias que se asemejan al sufrimiento por el que pasa el chico.
El diario de un fracasado es una historia de bullying extremo, la vida de una persona que nace con un cuerpo dividido entre dos sexos: aparentemente es un niño pero tiene senos y genitales de bebé. Sus compañeros de colegio se ríen de él, lo acosan y agreden día a día; ve cómo su padre maltrata a su madre y tiene continuas pesadillas (esa bruja encapuchada con la que quise dar miedo y no lo conseguí). Es la vida de alguien a quien el mundo rechaza por ser diferente al resto de humanos.
AYL: —Proyectos para este año 2018 en cuanto a publicaciones. 
JL: Estoy intentando sacar El diario de un fracasado en papel, tengo pendiente publicar de una vez ese libro de relatos llamado Año de terror y, ahora mismo, estoy terminando la segunda parte de El diario de un fracasado, que si todo va bien, podrá leerse este otoño, y escribiendo otra llamada Cáncer. Santiago Bernal, aparte de ser el guardián de almas en El diario de un fracasado 2: La maldición del 3 de octubre, también anda por ahí con algún que otro proyecto moñas.

Muchas gracias por la entrevista, Almas y Letras.
José Losada
Junio 2018

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